¿Qué hay que hacer para transferir unos embriones congelados?

Llamamos criotransferencia o TEC (transferencia de embriones congelados) al ciclo en el que sólo debemos preparar el endometrio para aceptar unos embriones que ya se generaron previamente y están guardados en el banco de embriones. Como ya he comentado otras veces, hoy en día seguimos hablando de embriones congelados, pero realmente deberíamos hablar de vitrificados, porque es esta técnica la que utilizamos desde hace unos años.

Existen dos formas de preparar este endometrio para la transferencia.  La más natural es la que llamamos con ciclo espontáneo, y lo único que hacemos son controles ecográficos para ver cómo evolucionan el folículo y el endometrio por acción de las propias hormonas, sin dar ninguna medicación adicional.  Una vez constatamos la ovulación iniciamos el suplemento de progesterona y programamos la transferencia en función de los días de vida que tengan los embriones congelados.

Que hay que hacer para transferir unos embriones congelados

La otra manera de preparar el endometrio es dando estrógenos, sin dejar que crezca ningún folículo.  Es lo que llamamos ciclo sustitutivo, porque somos nosotros los que sustituimos las hormonas propias de la paciente por medicación (en forma de parches o pastillas). Así, cuando por ecografía vemos el endometrio preparado añadimos la progesterona y programamos la transferencia. La paciente debe conocer que, si conseguimos embarazo, deberá seguir con la medicación (los estrógenos y la progesterona) varias semanas más.

Las dos preparaciones endometriales tienen la misma tasa de gestación.  Por eso, a partir de ahí, dependerá de cada paciente y de sus prioridades el utilizar un método u otro. Con esto que quiero decir,  pues que si la prioridad de una pareja es poder «escoger» el día de la transferencia (fundamentalmente, por motivos laborales), o se trata de una paciente que no tiene ciclos menstruales regulares (por lo que se descarta el ciclo espontáneo), deberemos utilizar el ciclo sustitutivo.  Pero si estamos ante una paciente con ciclos regulares y a la que le da igual cuándo va a ser la transferencia, el ciclo espontáneo es mucho más cómodo y natural, si bien es cierto que algunas clínicas no lo pueden ofrecer a sus pacientes por no poder hacer transferencias todos los día de la semana.

Como veis, hasta para esto hay opciones..

 

Cuando las noticias no son buenas

En la vida, las peores noticias las solemos dar los médicos. Y cómo transmitirlas es fundamental. En estos casos, nuestra experiencia suple lo que no nos contaron en la facultad de Medicina. Aunque cada especialidad tiene sus peculiaridades, creo que las peores son aquellas en las que las malas noticias son la excepción y nunca nos las esperamos, como pasa en Pediatría.

En Reproducción, las malas noticias no son de vida o muerte, pero sí pueden comportar un cambio en los planes y proyectos que se tenían desde siempre. Anunciarle a un paciente que no va a poder tener un hijo biológicamente suyo es algo para lo que nuestra evolución no nos ha preparado.  La aceptación de la noticia siempre requiere de un tiempo. Hay parejas que no vuelven a visitarte nunca, otras que lo hacen meses después y las menos, pasadas sólo unos días. Yo recomiendo apoyo psicológico, y como en todo, pueden hacer caso o no, pero aquellos que lo siguen asumen mejor la noticia, independientemente de que después quieran o no hacer ningún tratamiento.

Hace unos días tuve una experiencia que me ha hecho pensar mucho en esto.  Acudió a mi consulta una paciente de 46 años. Llevaba buscando embarazo desde hacía un año y no lo conseguía. Hice lo que hago siempre en estos casos, intentar explicar que los óvulos están en el ovario desde que nacemos y que van «envejeciendo» a medida que nosotras cumplimos años. Y que este envejecimiento celular comporta mutaciones genéticas, con lo que la posibilidad de conseguir mediante tratamiento un embarazo con niño sano a partir de los 45 años es realmente baja (nunca diré que es nula, porque en medicina…¡el 1 existe!). Y para que vean que estos datos no los doy porque sí, enseño un gráfico con los resultados de tratamientos en EEUU (allí hace tiempo que tienen estadísticas de los resultados globales de todas las clínicas).

grafico

Después de enseñar esto, y de decir que es una estadística (y como ya he dicho antes, las estadísticas están para romperse) les animo a que tranquilamente en casa piensen si quieren iniciar un tratamiento. Creo que cada uno es muy libre de hacer lo que quiera, siempre que se le hayan explicado las opciones reales y no se sienta engañado. Y si, aún así, finalmente lo quieren intentar, les garantizo que lucharemos por ese 1%.

Pues bien, la paciente se ofendió mucho, incluso se molestó en enviarme un mail en el que decía que había sido demasiado sincera, que con buenas palabras la había tratado de «vieja». Para mi hubiese sido mucho más fácil animarla a hacer una fecundación in vitro, dándole falsas expectativas con tantos por ciento irreales, y conseguir que saliera contenta escuchando lo que quería oír, pero éticamente, eso sí que habría sido algo grave. Y después de darle muchas vueltas (tantas como para escribir este post), mi conclusión es la misma:  lo volveré a hacer.

Y después de la beta positiva, ¿qué?

Para muchas parejas, llegar a conseguir una prueba de embarazo positiva es un logro que no habían alcanzado nunca.  De ahí, la alegría que supone ese resultado. Y lógicamente, no es para menos.

Pero es importante recordar estos datos: en la especie humana, la tasa de abortos es alrededor de un 15% de las gestaciones clínicas. Y este valor llega a doblarse si incluimos los embarazos tempranos (con beta positiva). Por lo tanto, si extrapolamos, entre un 25 y 30% de las parejas con una beta positiva no tendrán un embarazo evolutivo.

Y despues de la beta positiva que

Cuando hablo con los pacientes, me doy cuenta de que todos ellos se han preparado y asumen un fracaso en el tratamiento. Pero para la mayoría, ese fracaso implica una beta negativa. Muy pocos son realmente conscientes de que la beta positiva no es, ni mucho menos, el final del camino.

Un camino que ha sido muy duro.  Por eso, el resultado positivo parece ser la recompensa final.  Pero, desgraciadamente, ésta es una carrera de obstáculos, y muchas veces, no sólo no será el final sino que será el inicio de otro difícil periodo: el de las primeras semanas de embarazo.

Por encima de todo, las pérdidas.  La angustia de sangrar estando embarazada sólo la saben aquellos que han pasado por algo así antes.  Pérdidas caprichosas que pueden aparecer desde días antes de la beta, el mismo día o incluso sin venir a cuento días más tarde, acompañadas de dolores abdominales que nadie explicó que se podrían tener. Es una montaña rusa de sentimientos. Alegría, prudencia y desesperación ante el sangrado. Y muchas preguntas sin respuesta: después de todo lo que he pasado, ¿por qué a mi? ¿he hecho algo mal?

La realidad es que las pérdidas son bastante frecuentes, y no siempre indican que el embarazo no vaya a evolucionar. De hecho, muchas veces, el aborto se diagnostica  con una ecografía de rutina, en pacientes que no han tenido ningún sangrado. Lo que es evidente es que, ante las pérdidas, debemos disminuir la actividad física (así como evitar la relaciones sexuales) y aumentar los controles ecográficos para ver la evolución. Y sólo podemos esperar. Esperar que ese embrión siga adelante…

Y después… cruzar los dedos e ir superando el resto de etapas del embarazo. Todo un reto para esos embriones. Por algo lo llaman el milagro de la vida.

 

 

 

 

¿Qué son las pajuelas? ¿Cuántos embriones se ponen en cada una?

Las pajuelas son el soporte en el que los biólogos vitrifican los embriones conseguidos en un ciclo de FIV.  En ellas, los embriones pueden congelarse individuales o en grupos.

¿Y cuántos ponen?  Lo normal es que el número de embriones que se ponen en una pajuela no exceda del máximo de embriones a transferir (es decir, 3) porque todos los embriones que están en una pajuela se deben descongelar a la vez.  Así, la duda aparece, como casi todas en este tema, entre 1,2 o 3.

Que son las pajuelas Cuantos embriones se ponen en cada una

Para poder decidir cómo se van a agrupar los embriones debemos tener en cuenta varios factores. El primero es si ha habido transferencia en fresco.  Si es así, lo que estoy congelando son embriones «sobrantes» y, lógicamente, el número de embriones que he transferido en fresco hará que valore cómo congelar los embriones.  Pongo un ejemplo:  si una pareja sólo se ha transferido un embrión porque no quiere dos, no vamos a congelar sus embriones sobrantes de tres en tres, es obvio. Pero quizás tampoco valga la pena congelar todos los embriones en pajuelas individuales; dependerá de la calidad.

Lo mismo si no ha habido transferencia en fresco, ya que la decisión del número de embriones que pondré en las pajuelas debe ser consensuada entre el  ginecólogo, el biólogo y los pacientes y tendrá en cuenta la calidad de los embriones que voy a congelar así como el número de embriones que la pareja se quiera transferir.

Como véis, una vez más, información individualizada  y decisiones consensuadas, son las bases para una buena elección.

 

¿Qué es una FIV con ciclo natural?

Que es una FIV con ciclo naturalEn aquellas pacientes con una baja reserva ovárica, en las que a pesar de la estimulación hormonal la respuesta es muy muy escasa (estoy hablando de uno o dos ovocitos) nos podemos plantear la opción de hacer FIVs con ciclos naturales.

¿Y por qué? Pues porque si aún estimulando el ovario sólo consigo un ovocito, será mucho más fisiológico (y no lo olvidemos también, más barato) conseguir ese mismo óvulo sin forzar el ovario con altas dosis de hormonas.

¿En qué consiste?  Básicamente, en el ciclo natural, se realiza un seguimiento del ciclo de la paciente, controlando el crecimiento del folículo y planificando el día de la punción en función del tamaño folicular y del estradiol.

Hoy en día,  la mayoría de centros realizamos realmente un ciclo natural modificado, en el que los últimos días pautamos una hormona que evita la ovulación espontánea.  Precisamente, la aparición de este tipo de hormonas (los antagonistas de la GnRH) ha logrado disminuir la principal complicación que tenía el ciclo natural:  su alta tasa de cancelaciones.

Lo habitual es que este tipo de punciones se haga sin sedación (lo que ayuda a disminuir costes).  Para pacientes poco «aprensivas» un único pinchazo vaginal es molesto pero muy soportable, siendo la recuperación posterior muy buena.

¿Qué beneficios se obtienen?  Son ciclos más fisiológicos y con muchas menos complicaciones por lo que pueden realizarse en meses consecutivos ya que no precisan de  tiempo de espera entre ciclos.  Además, también son más económicos.

¿Qué resultados tienen? Los estudios demuestran que la tasa de embarazo es menor en este tipo de tratamientos comparados con los ciclos de FIV convencionales, aún así, y como he dicho al principio, creo que es una alternativa que deberíamos ofrecer a aquellas pacientes que no se van a beneficiar de una estimulación ovárica.

 

Cuando ya no quedan embriones

Saber que contamos con embriones congelados ayuda muchísimo psicológicamente hablando a sobrellevar la etapa de la espera del resultado e incluso, una prueba de embarazo negativa. De hecho, cuando los pacientes agotan esos embriones que se lograron con la primera estimulación (ya sea en una sola transferencia o en varias) un vacío se apodera de ellos.

Y no es para menos, desaparece la última opción de volver a intentarlo sin tener que pasar nuevamente por todo el proceso de la estimulación. Acechan de nuevo las ecografías, los análisis, los pinchazos, el quirófano… y lógicamente el coste económico.

Cuando ya no quedan embriones

Estadísticamente es relativamente frecuente tener que recurrir a un segundo ciclo.

Y, ante eso, debemos buscar el lado positivo: lo bueno que tiene repetir es que me permite intentar mejorar los resultados viendo cómo respondió la paciente a la primera estimulación.  Podríamos decir que la primera FIV se diseña como un traje de «pret a porter», pero es en la segunda donde podemos hacer el traje completamente a medida.

Aún así, llegados a este punto creo que es muy importante hablar largo y tendido con el especialista, ya que él valorará los datos obtenidos en el primer tratamiento y orientará sobre la posibilidad de empezar un nuevo ciclo; realizar si fuera preciso estudios más complejos intentando buscar el por qué de los fallos de implantación; o incluso, aconsejar sobre otras opciones…

Y si finalmente optamos por repetir, debemos tener presente que la perseverancia es una de las cualidades más importantes de todo este proceso.  Que hayamos perdido una batalla no implica nada.  Hay que ser fuertes y seguir adelante.

«La diferencia entre el éxito y el fracaso a menudo consiste en no abandonar«.

 

¿Cuántos días de vida tienen los embriones que transferimos?

Una vez hemos conseguido embriones los dejamos en cultivo para que evolucionen.

Los embriones de pocos días tienen una morfología muy característica, en la que podemos identificar y contar muy bien el número de células que tienen. Esta morfología la mantienen hasta el día + 3, considerando que el  día «0» es el día que hemos realizado la punción, y por lo tanto, el día de la fecundación de los óvulos.

 

embrión

Embrión de día + 2 con 4 células

A partir de ahí, si el embrión evoluciona como debe, esas células que hasta ese día se podían contar empiezan a multiplicarse más y a adherirse formando un «bloque» en el que ya no podemos diferenciar nada.  Es lo que se llama «mórula» o embrión compacto y corresponde al día +4.

 

embrión compacto

Mórula (embrión compacto)

El siguiente estadío embrionario es el blastocisto: corresponde al día +5 y lo que podemos observar es la formación de una cavidad en el centro y un desplazamiento de las células hacia la periferia.

blasto2

blastocisto

 

Pues bien, los embriones los podemos transferir en cualquiera de estos estadíos, aunque lo más habitual hoy en día es transferir en día +3 o en blastocisto. Y de ahí la pregunta del millón: ¿Cuándo es mejor transferir un embrión?

La respuesta a esta pregunta no es fácil.  De entrada, la evidencia científica nos «empuja» hacia la transferencia de blastocistos.  La mejora de los medios de cultivo en los que están hoy en día los embriones hace que la tasa de embarazo de los «blastos» sea superior si la comparamos con la transferencia de embriones de menos días de vida.

Pero ¿qué pasa con aquellos embriones que no consiguen llegar a blastocisto en el incubador y se paran?  ¿Se hubieran parado también dentro del útero?

Los partidarios de transferir únicamente embriones en blastocisto creen que sí, aunque todavía muchos especialistas tienen dudas de si alguno de estos embriones no pudiera sobrevivir en mejores condiciones (el útero materno).

Personalmente, creo que la transferencia de blastocistos es un sistema muy bueno de selección embrionaria, y con el que realmente conseguimos unas tasas de embarazo más altas…Pero quizás no tenga mucho sentido planteárselo a todas las parejas.  Os pondré un ejemplo, si una pareja sólo tiene dos embriones a día +3 qué haré: ¿ esperar a ver si aguantan el cultivo dos días más o transferirlos ese día? Yo recomiendo transferirlos.  En cambio, si la pareja tiene 7 embriones «bonitos» a día +3, la opción del cultivo a blastocisto les podría beneficiar para seleccionar el mejor.

Como siempre, lo importante es individualizar el tratamiento, porque lo que va bien para una pareja no tiene que ser lo mejor para otra.

 

La inseminación artificial

La inseminacion artificialCuando una pareja no consigue un embarazo y acude a un centro de reproducción asistida,  normalmente prefiere empezar por un tratamiento «poco agresivo».

Realmente, el tratamiento más fácil es el que llamamos coito dirigido, es decir, realizamos una mínima estimulación ovárica,  controlamos ecográficamente el día de la ovulación y planificamos los días que se deben mantener relaciones.  Esta técnica está indicada sobretodo en aquellas mujeres que presentan exclusivamente un problema de anovulación (y que sin tratamiento pueden pasar semanas antes de que ovulen).

Si subimos un escalón más de «complejidad» nos encontramos con la inseminación artificial.  Esta técnica ha sido durante años ampliamente utilizada y todavía tiene su indicación.  Es sencilla, fácil y sin las complicaciones de la FIV, pero lógicamente, la tasa de embarazo es significativamente menor (entre un 15-18%).

¿Y qué parejas son candidatas a probar inseminaciones?  En principio, los mejores resultados los tenemos en mujeres menores de 38 años, con menos de dos años de esterilidad y con un factor masculino leve.

A día de hoy todavía existe mucha controversia sobre si indicar inseminaciones en mujeres con una trompa obstruída, con endometriosis o con edades por encima de 38, ya que las probabilidades en estos casos bajan considerablemente.

Aún así, en medicina (como en otros aspectos de la vida) las probabilidades son eso, estadística.  Y por eso entiendo que muchas parejas que no tienen un criterio claro de FIV quieran probar la inseminación artificial; pero eso sí, los especialistas debemos ser claros con respecto a los resultados y sobretodo, detectar algo que es muy importante y no está en los libros: el desgaste psicológico, que en mi experiencia,  es muy alto ya que las expectativas de la inseminación artificial desgraciadamente no se corresponden con los resultados reales.

Así que, en mi opinión, considero que probar con técnicas sencillas (sobretodo la inseminación) antes de hacer una FIV es una buena opción siempre que tengamos posibilidades razonables de conseguir embarazo, pero teniendo muy claro que abusar de ellas puede ocasionar un excesivo desgaste emocional que a la larga no nos beneficiará en absoluto.

¿Hay algún protocolo de estimulación mejor que otro?

A grandes rasgos, existen dos tipos de protocolos de estimulación ovárica de la FIV. Uno en el que utilizamos unas hormonas llamadas «antagonistas de la GnRH»; y el otro en el que las hormonas son «agonistas de la GnRH».

Cuando planteamos qué medicación vamos a pautar, hemos de tener en cuenta muchos aspectos de la paciente, pero de todos lo que revisamos, lo más importantes son los parámetros que me indican cómo está su  reserva ovárica. Y ¿por qué?  pues porque una mujer con una reserva ovárica muy buena tiene, a priori, un riesgo de hiperestimulación ovárica.

Hay algun protocolo de estimulacion mejor que otro

El síndrome de hiperestimulación ovárica (S.H.O) es una complicación potencialmente grave que implica una respuesta exagerada del ovario, produciendo malestar, molestias abdominales (como distensión abdominal, nauseas,…). Puede aparecer cuando crecen muchos folículos pero para que se desencadene, es preciso haber administrado la hormona HCG (en nuestro país se comercializa como Ovitrelle).

Afortunadamente, hoy en día esta complicación es prácticamente inexistente si utilizamos el protocolo de los antagonistas de la GnRH ya que nos permite no utilizar el Ovitrelle, 36 horas antes de la punción, sino otro tipo de medicación con la que es casi imposible la hiperestimulación ovárica.

Con este protocolo, realizamos  la punción folicular, fecundamos los óvulos y vitrificamos TODOS los embriones evolutivos para transferirlos en un segundo tiempo, es decir, en un ciclo posterior, cuando han desaparecido los efectos de la estimulación.

El protocolo con agonistas de la GnRH, a diferencia del anterior, precisa siempre de la aplicación del Ovitrelle, por lo que en aquellas pacientes con una buena reserva ovárica no podremos evitar totalmente el riesgo de  hiperestimulación a pesar de que cancelemos la transferencia y vitrifiquemos los embriones, ya que el hecho de haber pinchado la HCG puede desencadenar los síntomas.

En definitiva, decidir entre un protocolo con antagonistas u otro con agonistas dependerá del riesgo de hiperestimulación que tenga la paciente. Si tiene un riesgo alto, siempre antagonistas.  En el resto de los casos, es decir, en aquellas pacientes con un riesgo bajo de S.H.O, los dos protocolos tienen los mismos resultados, y por aquello de que «cada maestrillo tiene su librillo» la decisión dependerá de la preferencia de cada ginecólogo.

Los fármacos que utilizamos en una FIV… eso mejor lo dejo para otro post!

 

El destino de los embriones

El destino de los embrionesCuando hacemos una FIV y tenemos más embriones de los que transferimos, éstos se suelen vitrificar. Así, si la transferencia es negativa,  tenemos la posibilidad de probar con nuevos embriones sin la necesidad de realizar otra vez todo el proceso.

Si, por el contrario, tenemos suerte y conseguimos un embarazo, esos embriones se conservan.  Cuando ha vencido un año desde que se congelaron, el centro envía una notificación para que la pareja decida qué es lo que quiere hacer con sus embriones.  Las opciones entre las que puede escoger son:

1.  Seguir conservándolos para su reproducción

2. Donarlos para la reproducción de otras parejas

3. Cederlos a la investigación

4. Decidir su descongelación sin otro fin.

La opción 1 implica, como es obvio, un pago anual al centro  por el mantenimiento de esos embriones (gastos de nitrógeno líquido, banco de embriones…)

El donarlos a otras parejas  (opción 2) es gratuito y te exime de pagar ninguna cuota, pero por ley, la edad del óvulo del que provienen esos embriones ha de ser menor a 35 años, así que es una opción a la que no se pueden acoger las mujeres que superan esa edad.

En cuanto la posibilidad de cederlos a la investigación, aunque es una opción que aparece en la Ley de Reproducción Asistida, la realidad es que actualmente no existe ningún proyecto de investigación con embriones humanos  ya que los pocos que hay en marcha utilizan embriones de otras especies animales.

Por eso, las parejas que deciden la opción de donarlos a la ciencia han de saber que, en tanto no haya un proyecto al que destinarlos (al que deberán dar su autorización), esos embriones siguen siendo responsabilidad suya, y por lo tanto, deberán hacerse cargo de la conservación.

La última de las opciones, la del cese de la conservación, también está regulada por la Ley.  Para poder acceder a este supuesto, se exigen dos informes médicos ajenos al centro que aseguren que, o es médicamente imposible una nueva gestación o que la vida de la paciente correría grave riesgo en el caso de volver a quedarse embarazada.  En la práctica, afortunadamente, dichos informes se pueden hacer en casos contados.

Sé por experiencia que a muchos pacientes no les preocupa este tema mientras están realizando la FIV, es más, para muchos su objetivo es hacer el máximo número de embriones posible…

Pero también me encuentro con algunas parejas para las que el hecho de generar embriones sí les supone un problema ético-moral importante.  Lo que hacemos en estos casos es fecundar sólo los ovocitos que vamos a transferir y vitrificar el resto de los ovocitos.

Como podéis comprobar, decidir el destino de los embriones una vez generados no es una tontería.  Y debemos ser conscientes de ello.