Hacía tiempo que no escribía una entrada del blog. Éstos están siendo unos meses muy complicados para todos. El SARS-CoV-2 ha puesto nuestras vidas patas arriba, con la incertidumbre de una infección hasta ahora desconocida. De la noche a la mañana nos hemos visto envueltos en una vorágine que bien podría ser el argumento de una película de ciencia ficción.
En estos meses que llevamos trabajando conviviendo con la pandemia, he podido constatar la preocupación de nuestros pacientes, no por el tratamiento en sí, ya que las medidas de seguridad implementadas en la clínica hacen de nuestras instalaciones una zona protegida de contagio, sino por la posibilidad de contagiarse una vez han conseguido el embarazo y las consecuencias que pueda tener tanto en la madre como en el feto.
A pesar de ser un virus totalmente desconocido para los científicos hasta hace sólo unos meses, ya se han publicado numerosos estudios para evaluar consecuencias de la infección en mujeres embarazadas. Estos estudios intentan aclarar las grandes preguntas que nos hacemos todos: ¿tienen las embarazadas mayor riesgo de contagio?, ¿tienen más complicaciones comparadas con la población general?, ¿existe la posibilidad de que el hijo se contagie a través de la placenta ?.
Uno de los últimos estudios se ha publicado este mes de agosto en la revista The Lancet: Seroprevalence and presentation of SARS-CoV-2 in pregnancy (F. Crovetto, F. Crispi et al).
Lo destaco porque aporta datos de gestantes controladas en tres grandes hospitales maternales de Barcelona (Hospital Clínic, Sant Joan de Déu y Hospital de Sant Pau), por lo que, al ser un estudio realizado con población de Barcelona, nos ayuda a conocer mejor el alcance de la infección en nuestras propias pacientes.
Pues bien, estos científicos han visto que de 874 embarazadas que vieron en abril, 125 tuvieron anticuerpos positivos para el Sars-CoV-2, es decir, un 14% de las embarazadas estudiadas, de las cuales, el 60% fueron asintomáticas y el 40% tuvieron uno o más síntomas. No han observado diferencias respecto al riesgo de infección entre embarazadas de primer o tercer trimestre, pero la proporción de mujeres con síntomas o que requirieron ingreso (en este estudio 7 pacientes, ninguna de ellas precisó UCI) fue mayor en las gestantes de tercer trimestre. Evidentemente, faltan muchos otros estudios para empezar a concluir resultados, pero sí que podemos intuir que el riesgo de complicaciones durante el embarazo es, en general, bajo y que dicho riesgo podría ser ligeramente superior durante los últimos meses de embarazo.
Otros estudios están evaluando las posibles complicaciones obstétricas de pacientes con PCR+, ya que al tener esta infección un mayor riesgo de trombosis, puede ser necesario un mayor seguimiento para descartar patologías como la preeclampsia o el retraso de crecimiento fetal intrauterino.
¿Y qué se sabe de la posible transmisión materno-fetal del virus? Pues de todos los estudios publicados hasta el momento a nivel mundial, sólo en una paciente contagiada se ha confirmado una PCR+ en el recién nacido, sin que se hayan visto otras complicaciones. Está claro que en Medicina el 0 absoluto no existe, pero con estos datos, sí que podemos decir que es muy poco probable la transmisión materno-fetal del virus durante el embarazo.
Seguimos estando muy pendientes de los nuevos estudios que salgan sobre Covid-19 y embarazo, pero estos datos son tranquilizadores. Debemos seguir insistiendo en que la prevención del contagio es siempre la mejor medicina, así que es muy importante que todos nosotros, y especialmente las mujeres embarazadas, sigamos las medidas de protección a rajatabla. Sólo así conseguiremos frenar esta pandemia.





Con la llegada de las vacaciones, muchas pacientes se plantean si es mejor aprovechar esos días de descanso para hacer el tratamiento de FIV. Nuestra recomendación para las pacientes que no se han de desplazar para someterse a la FIV (esto es, que el centro escogido está cerca de su lugar de residencia) es clara: no vale la pena utilizar el periodo vacacional para realizar todo el proceso.
Como ya os he comentado otras veces, el hecho de preservar los embriones sobrantes vitrificándolos da opción a volver a hacer nuevos intentos sin tener que pasar por la estimulación y la punción ovárica. Esas nuevas oportunidades nos permiten aumentar la tasa acumulativa de embarazo por ciclo. Esto es, que aunque la posibilidad de conseguir gestación no varía entre la primera o las sucesivas transferencias embrionarias, el hacer más transferencias aumenta la probabilidad final de conseguir un embarazo de ese ciclo (para nosotros un ciclo incluye la punción y todas las transferencias de embriones que se han conseguido de dicha punción).
Seguro que a muchos os sonará a chino, pero llamamos embarazo ectópico a aquella gestación en la que el embrión se implanta fuera de la cavidad uterina. De todas las gestaciones ectópicas, la localización más frecuente es la que se produce en la trompa (casi un 90%), siendo el ovario, el abdomen o el canal cervical otras localizaciones mucho menos frecuentes (pero con mayor posibilidad de complicaciones).
Para una pareja que no consigue un embarazo no hay nada más desesperante que los resultados de todas las pruebas sean normales. Es lo que llamamos la esterilidad de origen desconocido (E.O.D), y aproximadamente la vemos en un 20% de los casos que acuden a la consulta. Y ¿por qué es desesperante? Sencillamente, porque cuando algo no funciona en cualquier ámbito de nuestra vida, lo que intentamos hacer es localizar el problema y poder así buscar una respuesta adecuada. Pero cuando todo está aparentemente bien, se nos genera una sensación de angustia por creer que, si no hemos encontrado la causa, tampoco seremos capaces de encontrar la solución.
Web del CIRH:
anacer: Asociación Nacional de Clínicas de Reproducción Asistida